El Principito

15Ago08
El principito

El principito

No sé por qué ayer recordé mucho las clases de mi profesor Octavio Urbina en las que nos hablaba de ritos. Él siempre nos ponía un ejemplo: El Principito.

Hoy regresando de mi búsqueda (exitosa, por cierto) de un trabajo temporal me topé con la Biblioteca de México “José Vasconcelos” (Esa que está en la Ciudadela). De ser sincero nunca había entrado… La curiosidad me comió… era temprano ¡Qué gran error!. (El error vienen porque quería llegar antes de las 3 a mi casa, sin embargo la exposición de Mirada Madrid que fue inaugurada hoy -14/08/08- no me permitió la salida)

Lo primero que hice fue visitar la librería y lo vi: El Principito. Conté mi dinero (que no ha sido mucho) y me alcanzaba perfecto. ¡Gracias por esas ediciones económicas!. Por cierto… ¿Alguién sabe por qué? Los libros cuestan de 20 a 25 pesos, los que tienen la pasta blanca y el título del libro.

En fin, me lo compré. Está pequeño (y para asegurarme que esas ediciones vienen completas vine a Internet a checarlo) y por eso lo terminé hoy.

Les dejo el capítulo XXI del libro, quizá el mejor de todos del libro.

El autor del Principito es Antoine de Saint – Exupéry, sin embargo para (al menos) esta entrada, dejaré de lado los aspectos de él y su enterno.

Capítulo XXI
Entonces apareció el zorro:
—¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.
—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!
—Soy un zorro —dijo el zorro.
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.
Pero después de una breve refl exión, añadió:
—¿Qué significa “domesticar”?
—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?
—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa “domesticar”?
—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían
gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? —volvió a preguntar el
principito.
—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa “crear vínculos… “
—¿Crear vínculos?
—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito
igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no
soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces
tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el
mundo…
—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor… creo que ella me ha
domesticado…
—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
—¿En otro planeta?
—Sí.
—¿Hay cazadores en ese planeta?
—No.
—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
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—No.
—Nada es perfecto —suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se
parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi
vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos
me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y
además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí
algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos
dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un
recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
—Por favor… domestícame —le dijo.
—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y
conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen
tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan
amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.
—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de
mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de
malos ent endidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…
El principito volvió al día siguiente.
—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las
cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me
sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes
a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.
—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.
—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se
parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los
jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que
puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo
no tendría vacaciones.
De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te
domestique…
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
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—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme
adiós y yo te regalaré un secreto.
El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han
domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros.
Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea
podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más
importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque
yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído
quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.
Y volvió con el zorro.
—Adiós —le dijo.
—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón
se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.
—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.
—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
—Es el tiempo que yo he perdido con ella… —repitió el principito para recordarlo.
—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres
responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…
—Yo soy responsable de mi rosa… —repitió el principito a fin de recordarlo.

Las últimas horas que estuve en Acapulco, Michelle me dijo:

“Va a ser difícil despertar y no verte en el patio esperandome… Sin tu cara de “Ay Michelle, ¡Cómo te tardas!” va a ser difícil saber que ya no estás alado de mi casa”

Algo así, pero por ahí va la idea.

Se lo expliqué en ese momento… ¿Qué tiene el tiempo? ¿Cuándo es que lo cotidiano llega a ser mágico?. Cada uno tiene su respuesta y cada uno tiene su ejemplo.

Mircea Eliade habla del tiempo sagrado y del tiempo profano, de igual forma pero con diferentes palabras lo hacen Bachellard y Octavio Paz (y estoy seguro que muchos otros). El tiempo sagrado… “como si estuvieramos soñando” “como si eso ya hubiera pasado antes” “como si no importara el tiempo sino el momento”.

Es así que los ritos se hacen, en el momento en que Michelle espera verme en el patio… En el momento en que el Zorro espera inquietamente al principito… Es en ese momento que todo es magia. Eso que empezó como un comprimiso terminó siendo esencial para ambos, es ahí cuando la costumbre desaparece y el tiempo no fluye, simplemente brota. Como si fuera para siempre y al mismo tiempo tan rápido… Es ahí cuando nos encontramos en La Otra Orilla.

*** Referencias ***

El Principito – Antoine de Saint – Exupéry
Lo sagrado y Lo Profano – Mircea Eliade
El Arco y la Lira. “La Otra Orilla” – Octavio Paz
Intuición del instante. Instante Poético e Instante Metafísico – Bachellard



10 Responses to “El Principito”  

  1. Por cosas como estas es por las que te leo carajo!!!

    ^^

  2. 2 jgmarquez

    Je, Gracias Eduardo =P.
    No sabía que te llamaras Eduardo, hasta hace muy poco.
    Te agregué al Hi5, me entretuve un rato viendo tus fotos.
    Saludos y pues ya sabes que también te andamos leyendo.

  3. 3 OCTAVIO URBINA

    Oye, camarada, no tenía idea de que te llegaras a tomar tan en serio un librito que a mi me gusta tanto. Casi todos dicen saber quién es ese niño de cabellos rubios, solitario y melancólico, pero en realidad mienten. MIenten porque la literatura genera cierto estatus en la sociedad, y no porque les parezca importante. MIenten porque la ignorancia es algo señalado en casi todos los sectores. Mienten porque así son casi todas las personas. Yo pienso igual que el piloto -y que Antoine y tú- que si todos puesieran atención a este personaje tan “insignificante” la humanidad no sería mejor, sería diferente”.

    Me da gusto leerte. Sigue escribiendo. Recuerda que la literatura no es una profesión, es una actitud que libremente se asume ante las circunstancias diversas de la vida.

  4. Aunque no estés, siempre me haces sentir mejor.
    Gracias Cillo. ^^ te amo

    Ahm, lo anterior lo mencioné no porque no haya leído el texto (en realidad lo leí completo), lo digo porque me hizo sentir bien.
    Entenderás cuando veas tu mail.

    Creo que este blog va aumentando en algo… sin embargo no encuentro la palabra para definirlo.
    Definitivamente tu blog es como el vino, sí, es así.

    Por cierto… qué onda con esas ediciones de 25 pesos…
    ¿Ya descubriste el secreto?

    PD: venga!! publica mi firma (chiste de pareja xD)

  5. cof cof por cierto…

    =) ya comprendí mejor lo del rito.

    Por eso digo que eres la onda =*

  6. Michelle:
    Mi blog es como el vino… ¿sabe feo?. ¿Tiene alcohol en él?.
    =). Te adoro.. Gracias por el comentario, que bueno que ya entiendas mejor lo del rito =P. Sí, te lo dije hace poco… ya no entran tantos emo.

  7. Profe. Urbina:

    Dudo que vuelva a leer este comentario, no sé. En verdad me sorprendió que dejara un comentario. El libro lo recordé mucho porque en sus clases solía hablar de él y me dieron ganas de leerlo. De nuevo, le debo otra lectura placentera como es El Principito.

    ¿Por qué nunca leímos Pedro Páramo en su clase? Supongo que debímos haberlo visto en 6° y sí, lo hicimos. Pero no se compara en nada la clase de Claudia respecto a Rulfo a su exposición que dio en aquel café. (Por cierto que la zona está fea, pero bueno).

    Saludos y de nuevo, gracias por venir.

  8. mmm.. ya leí el prinCESITO…
    pero no lo recuerdo bien, xia… la verdad es que lo presté y no me lo regresaron.
    ¿Te cambio el “principito” por “momo”, va? xD bueno pues, nomás me prestas al princesito. No me lo regales, pero si déjame leerlo. Te amo!


  1. 1 Feliz día del blog 08 « Wonderland - Un instante en mi mente
  2. 2 Momo - Michael Ende « Wonderland

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