Uno siempre se idealiza. Su primer entrada al mundo de la cultura como algo que no es capricho, sino un camino que se quiere y debe seguir. Obviamente no todos somos unos genios y cuesta trabajo. Mientras hay quienes su entrada es relativamente buena y los empuja, a otros nos aplastan, nos pisan y todavía nos empujan para que empecemos desde abajo. 

    Víctor, un amigo, me dijo al ver mis inicios “cuando dijiste que empezabas desde abajo, no creí que tan abajo”.  Sólo para que se den una idea de dónde estaba parado… y aunque sabía que no era lo que esperaba, seguí. El camino es largo y si nunca pisamos, se hará más duradero aún. 

   El tiempo pasó, y de ser una persona a la que no le hacían caso, me subieron a un escenario. Después me pusieron en un horario. Lo siguiente fue que llegó un momento en que tenía a 40 niños haciéndome caso y yo: sorprendido. La semana siguiente llegó Apolonio Bartolo , músico mazateco que intenta vivir de su arte. Después la cuentacuentos, Guadalupe, quien se dedicaba a eso. Lo que faltaba era el nombre: una bola de cuenta cuentos. 

    Cabe aclarar que no todos contaban cuentos. Sólo Guadalupe. Apolonio cantaba, y yo leía cuentos de autores conocidos. Todavía llegaron dos personas más, se agregaron al proyecto a decir sus ideologías. Claro que ellos no eran malos, al contrario, eran interesantes. Sin embargo me dolió que un proyecto que había iniciado con ayuda de la subdirectora de cultura, Silvia Padilla, se hiciera algo que ya no era del todo difusión cultural (¡y aquí dicen: “pero la cultura es muy grande”. Y yo respondo: “Claro, pero decir ideologías de la vida y cosas personales no va precisamente al tipo de difusión artisticocultural que -al menos yo- buscaba”). Pese a todo eso, seguí.

    Pasaron las semanas y hubo un día que no pude asistir. Las semanas que siguieron fueron de contingencia por la Influenza. Hace dos semanas no hubo actividad, la pasada tenía examen y no recibí notificación de si iba a haber. Ayer… lo di por muerto. 

    Fui, y al contrario de los meses que estuve colaborando, no había nadie. Ni el lugar estaba “limpio”, ni había alguien que me ayudara a barrer, ni la bocina estaba abajo. Tampoco había personas preguntando por los locos que se ponen ahí. Esperé otra media hora y no pasó nada… no llegaba nadie. Comprendí entonces que no era un error, que el cambio de gobierno municipal también afectaba. Que ahí no piensan en lo que hacen, ya no. Piensan a donde se irán. ¿A dónde me iré, entonces?

   Es feo ver como un proyecto así muere, más porque es algo que realmente me costó tiempo y orgullo. Sé que tampoco iba a durar para siempre, pero no esperaba una despedida de esa forma…



3 Responses to “réquiem por una bola de cuenta cuentos”  

  1. 1 rochA

    Pero por lo menos pasaste por la experiencia. De aquí te tocan otras cosas.

  2. 2 kikin26

    Bueno Joaquín, el titulo de esta entrada no me gusta para nada, tengo como tirria a Requiem (es que la peli de Requiem por un sueño es una total weba).

    Pero si, tienes razon, cuando hay un cambio en algun gobierno todos los apoyos hacia ciertos proyectos son cortados de tajo, es un problema gigante que tiene México, nos encanta cortar proyectos, como en el futbol que corren a los técnicos a cada rato, aqui pareciera que no conocemos la palabra “CONTINUIDAD”.

    En fin recuerda que todo pasa por algo, tal vez viene un proyecto más grande para ti, solo deja que el tiempo se encargue.

  3. hola yo tengo un proyecto que ni siquera nace!!

    al menos el tuyo vio la luz extraña del mundo moderno


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