Fue que pudimos dormir abrazados la mitad de la noche.


Aclaraciones

17Oct09

El sábado que fui a la feria del libro en el Zócalo del Distrito Federal, me encontré con una muy agradable sorpresa: Crónicas Literarias del maestro Federico Patán. Antes de comprarlo, ya sabía que el siguiente jueves, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM iba a hacer la presentación del libro, así que me lo llevé, con una sonrisa en el rostro. El trabajo de Patán me ha llegado de maneras increíbles, y no fue ésta la excepción.

Aproveché, por supuesto, la lectura fresca del libro, la presentación y una invitación a publicar de vez en cuando en una revista, así que no pude evitar la sensación de escribir sobre Crónicas Literarias (prometo que el texto no tardará tanto en salir). Abro word, me dispongo a empezar. Cuando de pronto Apolo se me apareció y me dijo.

―Abrirás google y teclearás “Crónicas Literarias Federico Patán”.

Sabemos que no hacer caso a los dioses es algo muy peligroso, así que no retrasé mi actividad. De pronto me salen una serie de páginas donde se hablaba de la presentación del libro, a la cual tuve el gusto de asistir y hacerle una pregunta a Patán.

Me gustaría detenerme aquí para acusar a “agp” de una muy mala y desinformada nota que pueden leer acá.  Nuestro compañero “agp” no sólo peca de lo anterior dicho, sino que toma a Hernán Lara Zavala (académico de la Facultad y reciente galardonado con el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska por Península, Península) como único centro de la nota. Dejando no sólo de lado a Anamari Gomís, Gabriel Wiezs y al propio Federico Patán. Sé que no tuvieron la elocuencia que Hernán Lara demostró, cuyo turno en el micrófono fue el más ameno, pero también demostró ciertos errores (de memoria) al nombrar Exilio Interior a la novela Último Exilio, que no está de más mencionar que ganó el Villaurrutia en 1986 (y no en 1987 como agrega “agp”). O al percatarse de su error cuando dijo que el libro era editado por la Universidad Veracruzana, luego Anamarí, Gabriel, Ana Elena (moderadora) y Patán lo corrigieron, casi al unísono dijeron: ¡Ediciones Eón!

Error grave que “agp” recoge en su nota al decir que:

“”Crónicas Literarias” es un trabajo editado por la Universidad Veracruzana, en la colección del mismo nombre.

Claro que podemos emitir un sonoro quejido. ¿Qué hace un error que el propio Hernán Lara corrigió? ¿Cuál es el nombre de la colección, “Universidad Veracruzana”, “Crónicas Literarias”? Sea cual sea la respuesta de “agp”, temo decir que está equivocado. Le editorial es Ediciones Eón, y la colección es ensayo.

Es obvio que “agp”, si es que asistió a la presentación, no prestó nada de su atención, ni siquiera compró el libro. Un grave error de estos periodistas encargados de las secciones de cultura, que desgraciadamente no es sólo cosa de “agp”. El cambio de nombres, de fechas, de tema. Aquí el chiste no es informar. Es llenar una cuartilla y media para hacer como que se trabaja. Necesitamos urgentemente nuevos periodistas.


Leí La Feria de Arreola la semana pasada. Me dejó una experiencia muy agradable, es algo movido. Arreola hace uso del lenguaje como sólo él sabe y así crea, a lo largo de unos cuantos meses (¿o más?) la vida y las memorias de un pueblo: Zapotlán.

Adentrarse a la obra de Arreola (y me parece que en específico a La Feria) no podemos evitar hacer referencias a su biografía. Comencemos diciendo que Zapotlán es la figura más constante que aparece a lo largo de sus textos. También creo encontrar cierta similitud con dos obras capitales de la literatura mexicana del siglo XX (claro que posiblemente haya más, pero no he leído) y estas son Pedro Páramo (Rulfo) y Los Recuerdos del Porvenir (Garro). Aquí, cada una de las tres novelas tiene sus personajes y discursos diferentes entre ellos, pero lo curioso es que el lugar se transforma en el lugar principal de la acción. Sabemos que el pueblo fantasma de Comala es lo que le da la atmósfera a Pedro Páramo, mientras en Los Recuerdos del Porvenir el pueblo es el narrador. Aquí, en La feria nos encontramos con todas las situaciones que se escuchan y se viven en Zapotlán rumbo a la festividad más importante que hay.

En el plano de lo que se trata La Feria, es un poco complicado de explicar. Hay distintas historias que están en cada uno de los habitantes de Zapotlán. De manera subjetiva quiero subrayar la historia del joven que escribe en su diario, la de Chayo (que al final sobresale más que las otras) y las del sacerdote en el confesionario. Todas estas historias se encuentran a lo largo de varios meses, sólo para llegar al día en que se festeja al patrono del pueblo. Los acontecimientos políticos y sociales también son muy importantes aquí. Mención honorífica a la parte en que está temblando, que creo que es una especie de stream of consciusness colectivo. Las voces van y vienen. Algo muy bien logrado, quizá el momento con más éxtasis del libro

Personalmente fue como una bendición que por estas fechas leyera La Feria. Como lo dije en capítulos anteriores, actualmente estoy haciendo mi primer proyecto de libro. ¿Se hará? Espero que sí, ya sea por medio de becas o no, los apuntes saldrán a la luz. ¿Y por qué es importante? Porque la estructura que tenía pensado es muy similar a la que ocupa Arreola, me di una idea clara de lo que quiero y también re-afirmé eso de que en la literatura, todo está escrito. Sólo se re-escriben. Las mismas formas, los mismos temas.


En un lugar de Acapulco, de cuyo taller no quiero acordarme oí una cantidad enorme el nombre de Federico Vite. Creo que fue un poco antes de la entrega del premio José Agustín en el 2008, donde a Vite se le otorgó el tercer lugar de la categoría estatal del concurso.

El principal encargado intelectual del ya mencionado premio, y coordinador de unos talleres de literatura (así, en abstracto), le tenía una maña enorme a Federico Vite. Después leí ésto y supe que era una cosa más personal que una discrepancia literaria, de esas que suelen existir entre escritores de diferentes regiones, grupos, y demás. No quiero detenerme a analizar la historia del profesor y de Vite. Ni siquiera quiero emitir juicios de valor, así que dejaré el tema personal para otro ocioso.

Ese fue mi primer acercamiento a Federico Vite y si debo ser sincero, también a otros jóvenes escritores y a una vida cultural bastante activa y nueva para  mí, la forma en la que se le criticaba y desprestigiaba se me hacía interesante. Lo veía como publicidad, por muchas semanas me quedé con ganas de leer algo más de él.

Al pasar los meses, un amigo me dijo que tenía un nuevo libro de Tierra Adentro. Resultó ser Fisuras en el continente literario, que por mucho tiempo me dio curiosidad, pero estaba bastante deprimido y sin ganas como para leerlo.

Después de casi un año, el jueves le mandé un mensaje a ese amigo. “Préstame el libro de Vite y regrésame el libro de Mata”. Al día siguiente nos vimos en los pasillos de la facultad, antes de entrar a nuestras respectivas clases. Me dio lo que le encargué.

Abrí el libro de Vite. El primer capítulo me llamó la atención. Todo un foreshadow.

Hablar de la historia se me hace un poco complicado debido a que  no sé cuál es el efecto que quiso crear el autor, pero me parece erróneo que en todas las críticas y reseñas que he leído acerca de Fisuras... se centré en el secuestro ficticio de Octavio Paz.

Haciendo un poco de investigación en internet, topé con que hasta la viuda francesa de Octavio Paz compró una cantidad de libros, tantos que hasta existe una segunda re-impresión de un escritor (todavía) emergente, que fue publicado en Tierra Adentro. (No estoy quitántole méritos a Vite ni a Tierra Adentro, que quede claro). Se me hace exagerado el asunto.

Vuelvo a la historia, si tuviera que resumirla, diría que trata de un comandante que quiere escribir una novela, la cual se basa en un caso “verdadero”. La resolución de este caso es el tema principal de la obra, gira alrededor de los personajes y del crimen. Mientras nuestro comandante intenta llenar huecos en su escrito, decide secuestrar a Octavio Paz. A quien después de un acuerdo malicioso por parte de El poeta, deja libre.

Y ya.

La historia tiene puntos fuertes, aunque debo hablar de una clara decepción de que Octavio Paz no participara ni en tres hojas en total de toda la novela. Siempre hay que tomar lo bueno, como lo chistoso de algunas situaciones y los brincos sorpresas que se dan dentro de la narración.

Existe otro aspecto que, para mí, fue una joya. Los pocos diálogos que tiene Octavio Paz, son en su mayoría, reales. Cosas que se han citado del nobel mexicano con anterioridad. Hay un diálogo entero que Elena Poniatowska recoge en Las palabras del árbol y que Vite lo pone ahí y se lee mucho mejor de lo que se lee en Chapoyniatowska.

Los personajes evidencian cinismo y un sistema judicial que no es diferente a lo que vemos aquí. No creo que estén mal retratados, pero hay que tener en cuenta que a veces se quedan cortos para lo que se pretende. Hay una cantidad enorme de personajes planos que salen sobrando. La secretaria del emepé es el más evidente. Ni siquiera me parecen accidentales, sino irrelevantes.

Como mencioné antes, las sorpresas que tienen la historia dejan una sonrisa, son detalles bien tratados. Aunque en algunos momentos, en especial al principio, me pareció una narración muy lenta.

Creo que se hizo un trabajo bueno, que por algo trascendió (en mi opinión, el libro trascendió). Si el “éxito” de Fisuras… se debió a una publicidad engañosa que tiene que ver con el “secuestro de Octavio Paz”, o con la forma en que Vite escribe, los recursos que utiliza y esos detalles que saltan a la vista, ya es algo que debe decidir el lector de forma individual y no los críticos, ni los encargados de cultura de cierto Estado, o los bloggers como yo.


no me gusta

19Sep09

escribir en el contenido de un libro.

Admito que soy fan de escribir algo en las hojas de respeto (las que están en blanco y se encuentran al principio y al final del libro). Me gusta escribirlos algo, pero sólo cuando voy a regalar los libros (Hay que decir que ésto no es frecuente, sólo hay una persona a la que le regalo libros). En casos excepcionales anoto el número de una página que me llamó la atención, pero no pasa de eso.

No sé qué tanto deba especificar aquí, pero los que subrayo y escribo notas al margen y demás, es con textos de la escuela y científicos. De los que se me preguntará después.

Seguramente lo he hecho antes, y ponerme a indagar en los libros que tengo no me parece apropiado, pero quizá fue hace un año que en algún lugar escuché que subrayar o escribir notar en el texto limitaba la visión del lector.

Me explicaré:

Un libro, el contenido específicamente, es como un mundo nuevo.Y nosotros, como lectores, nos enfrentamos a él. Depende de nuestras experiencias (conocimiento, gustos personales, edad) la lectura que tengamos de cualquier cosa. Y no sólo lectura, ésto sucede con el arte en general. Si nosotros en determinado momento elegimos subrayar o escribir dentro del texto, eso se convierte en un mapa o una guía que limita al lector. Creo, también, que es importante leer, y releer y descubrir nuevos aspectos del libro. Y si aquel texto ya se encuentra con una flecha a las cosas “importantes”, se pierde la exploración.

Lo que nos pareció importante en ese momento es posible que ya no nos sea tan relevante, todo ésto después de nuevas experiencias. Además, si marcamos el texto, automáticamente hacemos una selección de fragmentos y por lo mismo, en una futura re-lectura, perderemos algunos otros que pueden parecernos importantes. Todo basado en un juicio anterior.

Decía Salvador Elizondo, (en sus diarios, pueden leer algunos fragmentos en Letras Libres) que siempre que leía Ulises descubría algo nuevo. Lo leyó unas ocho veces en toda su vida y en cada una de ellas, era una experiencia única.

Estoy a favor de hacer pequeñas anotaciones externas al libro. En una hoja en blanco, en un blog, en algún lugar donde se quede registrada nuestra lectura, donde podamos volver después, pero que no nos topemos cuando nos enfrentemos nuevamente al texto en cuestión.


Empecé a escribir cuentos cortos, tienen una secuencia. Originalmente iban a ser poemas. Después descubrí que no escribo poemas.


Un Arreola

02Sep09

No es gratuito el que al trabajo de un artista  se le ubique por el apellio de su creador. No es difícil escuchar “un Picasso”. Sabemos de antemano que el ser producto de Pablo Picasso lo hace algo especial.

Son frases que, he de admitir, sólo he visto aplicadas en pintores, en su mayoría con Picasso. Se deberá a lo singular y palpable del original. Así que también debe usarse con arquitectores y escultores, no con danzantes o escritores.

Si debemos hablar de un escritor cuyos textos sean reconocidos ya por el simple hecho de ser de ellos mismos, se nos vienen a la cabeza distinto nombres. La mayoría cumple los méritos necesarios, el nombre y sus trabajos son especiales por ello. Aunque me atreveré a decir y mostrar de esta forma mi admiración a Juan José Arreola. Ésto le corresponde a él por autonomasía: un Arreola. Al instante nos cautivamos en sus libros, en sus cuentos y memorias.

Al igual que con los pintores, sabemos que no todo debe (ni tiene que) ser “bueno”, recordemos sobre todo que el arte pese a su objetividad canónica, tiene una apreciación subjetiva bastante grande. Así sucede con los cuentos de Arreola. Podemos hojear Confabulario o Bestiario. Nos atrapa desde el principio y nos habla de la experiencia del hombre que ha hecho las letras su mundo (sería má atinado decir: que ha hecho al mundo de letras). Perdernos en sus cuentos en perdernos en el mundo que todavía vivimos. No todos tienen la genialidad de sus master pieces, como “Una reputación” -que rápidamente se ha convertido en mi cuento favorito-, o “Anuncio”. ¡Incluso sus memorias están plagadas de un estilo único, irónico y especial! ¿Quién no está de acuerdo en lo que digo al leer lo siguiente?

Yo di mis primeros pasos bajo el signo del terror, frase que parecería un título de película. Estaba yo sentado en el suelo, jugando con un bastón de palo o algo así, cuando se abrió la puerta de uno de los corrales de la casa, que seguramente alguien había cerrado mal, y sale de ella un borrego negro. O algo más que eso, un semental, un verraco como le dicen en América del Sur, con grandes cuernos, que se dirige hacia mí. Yo no había aprendido todavía a caminar, pero el instinto -el del hombre paleolítico- me hizo levantarme, apoyarme en el bastón y caminar. Me fui hacia un pasillo, por el que por fortuna venía mi madre, que salió a mi encuentro. Pero al ver que venía yo caminando, apoyado en el bastón y atrás del borrego, mi madre se soltó a reír. Yo, que tenía un año de edad o menos, estaba aterrorizado. Para mí fue como si se me echara encima un rinoceronte.

Durante toda la infancia , y gran parte de la adolescencia, tuve una pesadilla recurrente. El borrego se transformaba, en mis sueños, en un gran perro o en un toro. Lo digo en Confabulario: “ese borrego negro nuncan ha dejado de perseguirmo”.

La maestría con la que relata un pasaje propio de su vida (y no precisamente uno bonito). Podría leer, escribir, narrar y hablar de los cuentos de Arreola con un disfrute enorme, pero nada hace mejor ejemplo que sus experiencias. Un ejemplo muy corto e igual de gracioso es el siguiente:

Llegó también a Zapotlán , cuando tenía yo seis o siente años de edad, el Cine Matur. Así le decíamos todos, Cine Matur. Sólo muchos años después me di cuenta de que su verdadero nombre era Cinéma Tour.

Hay otros autores que también deberían tener el privilegio de Arreola, o quizá por su sola trayectoria se les debe recordar. Vienen a mi mente los nombres de Joyce, Hesse, Cortázar, incluso el mismo Paz. No es elevar a Arreola ni hacer menos a, por ejemplo, Cortázar. Me gustaría hacer un pequeño ejemplo del por qué uno sí y otro no.

Con Arreola tenemos cuentos, principalmente, donde la ironía, lo corto, la enseñanza es enorme. Con Cortázar no es menos. El amo de la sorpresa y de los juegos, no hace falta recordar Final del Juego. Tomaré dos textos de ahí: “Continuidad de los Parques” y “Una flor amarilla”. La sorpresa, lo extraordinario ahí está, nos sorprende. Pero, son estilos y temas hasta cierto punto diferentes entre ellos, cada uno es excelente por su parte. Cortázar se hace un narrador y personajes diferentes dependiendo del momento. No así Arreola, que en la mayoría de sus escritos, él mismo se deja ver, como el narrador de ellos. Un estilo más peculiar, en el que de antemano sabemos que encontraremos ciertos elementos que nos hacen más cercanos a nosotros. Arreola es más humano que cualquier otro escritor. Es por eso que sus cuentos y sus obras son especiales.


los enamorados

01Sep09

Uniones y separaciones: almas que se juntan y son una constelación que canta por una fracción de segundo en el centro del tiempo, mundos que se dispersan como los granos de la granada que se desgrana en la hierba. (Saca una carta del Tarot.) Y he aquí al centro de la danza, a la estrella fija: la Reina nocturna, la dama infernal, la señora que rige el crecimiento de las plantas, el ritmo de la marea y los movimientos del cielo; la cazadora lunar, la pastora de los muertos en los valles subterráneos; la madre de las cosechas y los manantiales, que duerme la mitad del año y luego despierta ataviada de pulsera de agua, alternativamente dorada y obscura, en la mano derecha la espiga solar de la resurrección. (Saca dos cartas.) Y he aquí a sus enemigos: el Rey de este mundo, sentado en su trono de estiércol y dinero, el libro de las leyes, el código moral sobre las rodillas temblorosas, el látigo al alcance de la mano –El Rey justiciero y virtuoso, que da al César lo que es del César y niega al espíritu lo que es del Espíritu; y frente a él, el Ermitaño: adorador del triángulo y la espera, docto en la escritura caldea e ignorante el lenguaje de la sangre, perdido en su laberinto de silogismos, prisionero de sí mismo. (Saca otra carta.) Y he aquí al Juglar, al adolescente; dormía, la cabeza reclinada sobre su propia infancia, pero ha oído el canto nocturno de la Dama y ha despertado; guiado por ese canto, marcha sobre el abismo con los ojos cerrados, balanceándose sobre la cuerda floja; marcha con seguridad y sus pasos lo conducen hacia mí que no existo, en busca de su sueño; si desfallece, se despeñará. Y aquí está la última carta: los Amantes. Son dos figuras, una del color del día, otra color de noche. Son dos caminos. El amor es elección: ¿la muerte o la vida? (El Mensajero se retira)


La hija de Rappaccini, Octavio Paz.

—-
Feliz día del blog


Piedra de sol

23Ago09

avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

Fue el viernes y así sucedió: Había sido un día en el que me sentí deprimido. La soledad y el sentirse aislado son poderosos estimulantes al drama. Iba -siempre voy- con la mejor disposición, pero por una u otra cosa no pude sentirme del todo bien. Decepcionado es la palabra que más se le acerca a esas horas.

Me subí al metro con la esperanza de olvidar. No tenía más lecturas, así que llevé Libertad bajo palabra pues intuía -desde que me desperté- que sería el remedio para todos los malos. No pude ser más certero.

Abrí el libro, quería toparme con esos versos. Se nos mencionó en clase que el buen Colin White decía que la poesía valía por ser recordada. Fue como una revelación. Y yo, emocionado por toparme con “voy por tu talle como por un río,/voy por tu cuerpo como por un bosque,” y empecé a leer:

un sauce de cristal, un chopo de agua
un alto surtidor que el viento arquea
un árbol bien plantado mas danzante
un caminar de río que se curva
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

La verdad es que el poema no tuvo el efecto deseado. La primera vez que lo leí fue como una revelación, recuerdo mi sorpresa al verme en la recta final de Piedra de Sol. Y no lo logré. Pensé que estaba condenado a sufrir el endemoniado camino por el infierno. Si Dante siguiera vivo y pudiera re-escribir su Divina comedia, seguramente habría empezando algo así:

A la mitad del viaje de nuestra vida, me encontré en un pasaje oscuro que descendía. Temí haberme equivocado de estanción, pero no: Era la estación Zócalo. ¡Ah, cuán duro sería decir lo apretado, asfixiante y apestaso que es este metro, cuyo recuerdo renueva mi pavor, que supera al de la muerte!

Aun teniendo tantas desventajas y siendo hora pico en copilco, me decidí a darle un último intento a mi corazonada. Pero de pronto salieron esas palabras de mí. Leo en silencio, casi siempre, pero no fue así esta vez. Dije en voz alta, tan alta que mis compañeros del viaje se me quedaron viendo: un sauce de cristal, un chopo de agua… y descubrí el ritmo, la emoción de seguir leyendo. Se me pasaron como si nada. La lectura sólo la interrumpí en dos ocasiones: Cuando tuve que transbordar en Guerrero y cuando dos payasos se subieron en Oceanía. Reactivé mi lectura. Y sentí, antes de bajarme de metro, que ese recorrido debía terminar igual que el poema.

Me encontraba nervioso. No sabía si podía hacerlo. Incluso sentí apurada la lectura. Vi, por último, la verdadera piedra de sol. Y la imaginé. Todo un círculo. Igual que los viajes, igual que el poema:

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedra
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las muertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegada mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea
un árbol bien plantado más danzante
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:


Leí alguna vez, no recuerdo donde (y a modo de sarcasmo o ironía), que un blog era un virtuality show literario. Nada más cierto, pese a la ironía, de lo que son los blogs literarios, aunque definitivamente prefiero el termino bliteratura.

Es el inicio de mi segunda semana en la carrera. En total son 128. Esperemos que no me quede más tiempo. También fue la primera sesión de literatura… fue otra cosa. No es que la maestra haya dicho bien, pero su papel de moderadora y guía sirvió para que las ideas fluyeran. Claro que no estoy de acuerdo con todo lo que dijeron, ni ellos tienen por qué estarlo conmigo, pero lo disfruté.

Leímos Rappaccini’s daughter y tenemos que hacer un ensayo final cuando se termine el semestre de alguno de los cuentos que analicemos en clase. Tengo ganas de hacerlo de La hija de Rappaccini” porque ya tenía ganas de leerlo desde mucho antes. Así son las cosas.

Ya por ahí mencionar a Colin White. No lo conocí, pero la tradición que dejó en el colegio es impresionante, y fue una de mis motivaciones el querer conocer más acerca de él.




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